Los domingos NO, y de noche ¡menos!

Nadie nos enseña a amar el lugar donde nacimos y celebrarlo todos los días. Es un recorrido que hay que pasar en solitario. Hasta que surge una amenaza de perder ese lugar, ahí es cuando nace el amor en formato colectivo y se comienzan a ver los espacios deshabitados, con lágrimas de humedad y grietas típicas de quien ha esperado ser disfrutado durante años. ¿Por qué esperar a que eso pase?

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