Te cuento:

Es la primera vez en toda mi vida que sigo de cerca una enfermedad hasta su muerte, es la primera vez que entiendo el proceso de una enfermedad degenerativa y lo vivo desde una posición adulta, consciente, observadora, pesada.

Me toca vivir todo eso en otro país, con otras costumbres y en el interior de Uruguay.

Salí la noche del martes, a las 23.30 h en el último bus desde Montevideo rumbo a Minas para ESTAR, en tiempo presente, en un momento doloroso para otra persona. 

Al día siguiente comenzaba una nueva etapa laboral. Llamé por teléfono, expliqué la situación y entendieron al 100%.

En mi mente tenía la expectativa de asistir a un velorio normal (para mí, los que había vivido en Venezuela), pero me sorprendió que, al llegar, en vez de ver un ataúd grande, cerrado y con vidrio para ver a los seres queridos a través de un cristal, me topé con un cuerpo expuesto, dormido, en medio de una sala con una urna casi a medida. Nunca vi un cuerpo tan explícito, allí, deshabitando junto a sillas y decorado fúnebre.

¡Cómo agradezco que en Uruguay sean laicos! Porque, a pesar de que tuve una milésima de segundo para digerir toda esa imagen visual, confieso que me hubiese costado muchísimo más digerir todo eso acompañada santos sufridos, lágrimas de Marías o agonías de Jesuses.

Pasé la noche más fría de toda mi vida. Hubo helada durante la madrugada y, a pesar de que teníamos la calefacción en 30ºC, tiritábamos de frío. Solo nos venció el cansancio de un día complicado, sobrevivimos por amor.


A las 7:30 h, un hombre de aproximadamente 170 años llegó para preguntarnos si estaba todo bien. Tenía aspecto macabro y sobretodo negro impoluto hasta las rodillas y con pañuelo de seda en mano, preguntó:

¿Necesita algo, mijo?

No, muchas gracias todo en orden.

Taaa, ta. Entonces cualquier cosa me avisa.

Sí, le avisamos.

Luego me enteré de que era una especie de Dr. Muerte. Ha pasado toda su vida dedicado a la funeraria (o velatorios, como dicen acá). Antiguamente, cualquier casa que él visitara daba a entender al pueblo que alguien había muerto. Tal era así, que físicamente se había transformado en una especie de cuervo: es un hombre muy blanco, alto, largo y lomo encorvado, nariz larga y puntiaguda, cabeza gacha, pero atenta y ojos brillantes (los recuerdo color negro, pero creo que es un detalle que asomo por darle color al relato).

También creo que el sobretodo negro, le ayudaba. Y yo, le agregaría un báculo.

Pasó todo muy rápido, pero eterno. Podría decir que recuerdo cada hora que estuve acompañando, y al mismo tiempo siento que fue todo un sueño.

Acá te traen bizcochos y sanguches para que la familia tenga algo de comer. También te dan café en sobrecitos y Coca Cola para despertarse. Yo recuerdo que las mejores manzanillas que me tomé, fueron en las funerarias de Caracas. No recuerdo si daban comida.

Lloraron, sí. Pero no era un llanto ruidoso, era más bien hacia adentro, roto, quebrado, pero pasado por el cuerpo. Yo había vivido gritos desesperados venezolanos y golpes de vidrio del ataúd, que contrastaban casi de forma absurda con caricias en el rostro del cuerpo uruguayo.

Quizás por eso hay vidrios en los ataudes venezolanos.

A las 14 horas, 6 hombres se dispusieron a movilizar todo rumbo al cementerio.

Menos mal que ya P., me había comentado casi al pasar, que los entierros eran en formato vertical: menten a las personas en un muro o nicho.

Yo pensaba ¿dónde está en entierro?

P., me dijo que era una de las cosas más terribles por las que se podía pasar.

Mientras ella me explicaba, pensaba ¿qué podía ser más terrible que tener que sostener el peso de un ser querido para llevarlo al mundo de los muertos? ¿Cómo será esa imagen que dimensiona el peso, el tacto, el gusto y la observación? ¿Cómo se guarda ese recuerdo en la mente de alguien?

El carro fúnebre manejaba a 2km/h para dar la “recorrida” por el pueblo, a medida que vas pasando, ves a este “pueblo laico” persignarse frente a una, no importa quién es el o la que va al cementerio, el miedo en los ojos de quien percibe este acto se siente a leguas.

Entraban a sus casas, quedaban atónitos, caminaban más rápido, se ponían auriculares…

Cementerio de Minas, Lavalleja. Uruguay. Foto de @arlekom

Me sorprendió ver el cementerio lleno de flores. De todos, o casi todos, los espacios sobresalían flores de diferentes tamaños, texturas y colores. Era un mar vegetal de fantasía, no les dejan llevar agua para mantener las plantas, así que supongo que eso hace que las personas lleven flores de mentira.

El entierro, como bien dijo P., fue en formato vertical. Llegamos a un gran muro con el número X, esperamos unos minutos para que cada uno se despidiera y procedieron a introducir el ataúd en el nicho. Esperamos de nuevo. Algunas personas llevaron flores, ahí se escucharon los últimos mocos y yo estabaen shock al verme allí en medio de todo ese ritual desconocido.

Nada parecido al entierro “en tierra” que había dejado en Venezuela. 

Ahí parada, me di cuenta lo importantísimo que estaba siendo este proceso para mí: ya no era niña, ni adolescente, estaba por primera vez 100% consciente de lo que estaba sucediendo y, no tenía nada que ver con pasitos fúnebres, cánticos, sermones religiosos ni banderines giratorios en las lápidas infantiles.

De repente, con una carretilla con cemento y ladrillos, comienzan a tapar el hueco. Y así, entre cada pincelada, entre cada pieza de cemento, vas dejando de ver a tu ser querido, hasta que todo se resume en una pared.

Quienes prestan el servicio fúnebre, en silencio, después de hacer su trabajo se limitan a dejar la corona de flores, toman las carretillas en mano y se retiran en silencio absoluto, mientras que les familiares quedan procesando toda la información.

Y yo la escribí, para que no se me olvidara.

Cementerio de Minas, Lavalleja. Uruguay. Foto de @arlekom

P.D.

Tardé 3 días en publicar este post, para este momento, me acaba de llegar un mensaje de mi familia: se acaba de morir tu tío.

¡Qué momento tan oportuno!… Cierro el domingo con broche de oro.

Saludos,

Sinay

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.