Hecho por Sinay Medouze

Desde hace un tiempo estoy integrándome al mundo de las consultorías en el mundo emprendedor. No me he expuesto, no me vendo, me preguntan cosas y yo respondo.

¿Sabes qué?

Que me di cuenta que, cada vez que un amigo o amiga me pedía ayuda para su proyecto, terminábamos haciendo una estrategia. Cada vez que me decían que necesitaban una vuelta de tuerca, terminábamos gestionando un evento. Cuando ayudé, terminé trabajando… Y no lo sabía.

Es que me apasiona sentarme y dedicar tiempo a generar un proyecto y darle vida a las cosas. Me encanta pensar, tirar post-it sobre la mesa, diseñar contenido de calidad, contar historias, pensar cuentos y personajes para intentar que una idea, de verdad verdad, salga a la luz… Todos esos momentos que ofrecí fueron reales, pero mi tiempo no estaba bien enfocado, porque un café para otre, era menos tiempo para mí.

No, no tiene nada que ver con egoísmo. Egoísta es pensar en lucros personales mientras te aprovechas de otros, el egoísmo es evitar que otros florezcan y tapar la luz del talento de los demás.

Yo solo necesitaba tiempo para mí, para mis proyectos, para visualizar una estrategia que tenga vida propia y, después de eso, sí, ayudar.

Es que ¿cómo puedo ayudar a otros si no me ayudo a mí misma?

En un momento, me vi en medio de un mercado de las pulgas. Con pregoneros gritando a mi alrededor, personas comprando, sonidos de autos, de buses, de motos, de monedas; gente intercambiando y mascotas quejándose.

Y yo, en medio. Tratando de entender el entrno, intentando que todo esté bajo control, mientras dejaba mi bolsita de las verduras abierta y a un lado… Claro, en mi afán de ver lo que me rodeaba, cuando iba a ver la bolsita, ya no tenía nada para llevar a casa.

Algo así me dijo Maru Karlen cuando le pedí ayuda en mi necesidad de expresar una serie de insatisfacciones del momento.

“Me gustaría comentarte una idea a ver qué te parece”, perdón no puedo ahora. Luego.

“¿Te puedo llamar?” No, perdón, no puedo ahora.

“¿Querés ser parte de un nuevo proyecto?” Uuuy, qué lindo, pero no puedo, disculpa.

Y así… Comencé a decir que no.

Me dolió, me sigue doliendo, porque me parece que dejo a los demás muy tirados. Pero lo necesitaba.

Las consultas gratis no me son redituables. Y no puedo seguir sosteniendo mi hogar ideas ajenas.

Ahora estoy tratando de diseñar mi propio formato de consultas, donde podemos tomar un café o compartir algunos mates. Diseñé un espacio para escucharte y entender qué estás buscando para diseñar -juntes- una estrategia, generar una acción o crear una historia que conmueva y que te permita seguir siendo tú mismo.

Yo creo que comunicar tu proyecto no tiene por qué ser un caos, porque tu proyecto eres tú. Y solo tú sabes cuáles son tus tiempos, tus formas… No importa tu estilo, porque alguien te va a entender, alguien te va a ver. Alguien se parece a tí.

En fin, a partir de ahora, estaré escuchando, escribiendo y dedicando tiempo a construir esta gran yo.

¿Te ha pasado?

Besines,

Sinay

P.D.

Este texto me recuerda a una frase de una gran amiga que reza "Hay que normalizar el hecho de mandar a la gente a la mierda". 
Si bien es una frase muy fuerte y no aplica para este caso en particular quiero que la guarden, porque decir que no, también es una respuesta.
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