T E C U E N T O

Elegí, por necesidad, comenzar a trabajar de moza (mesonera) en un restaurante, por un sueldo que me permitía pagar mi casa, fin.

Estaba desempleada y, justo un día antes de caer en la quiebra (literal), me llamó una amiga y me dijo: ¿Conocés a alguien que quiera trabajar en un restaurante?

Yo

Para ese momento, me caía como anillo al dedo: necesitaba pagar mis cuentas fijas y solo tendría que trabajar los fines de semana ¿Dios, eres tú?

¿Por qué dijiste que sí?

Esa fue la pregunta que me hizo una amiga cuando le conté. Yo no entendía por qué me lo decía, pero ella estaba molesta con mi decisión:

Sos talentosa, tenés todo para trabajar en un lugar que te permita desarrollarte y crear tu propio proyecto, CONFIÁ MÁS EN VOS. No creo que este laburo te de lo que vos necesitás, entiendo que tenés que pagar tus cuentas, pero ta… Creo que vos tenés talentos que no estás viendo.

Tenía razón…

Al cabo de unas semanas, ya tenía ganas de llorar.

Comencé a generar algunos ingresos por mi cuenta, trabajaba freelance en distintas cosas y terminé sin tener días de descanso. Trabajaba de lunes a lunes de “cualquier cosa”.

No es la primera vez que me pasa esto de trabajar “de lo que sea” para poder mantenerme, en realidad, es lo que vengo haciendo desde hace 5 años, porque siento que nunca estoy bien para tirarme al agua. Siempre falta “algo” para generar ese proyecto que tanto me gusta, porque creo que aún mi experiencia no es suficiente.

Soy comunicadora, tengo el poder de contar historias, gestiono proyectos de índole social, ilustro, creo estrategias de contenido, hago consultorías a emprendedoras, soy voluntaria de cosas que amo y, aún así, prefería pasar horas esperando que llegue alguna pareja para atenderles en su velada romántica, sonrío ante la falta de respeto de aquellas personas que te ven por encima del hombro, recibo con gracia las expresiones de sorpresa cuando se enteran que soy de otro país y esquivo con decencia las preguntas sobre Venezuela.

E S T O Y H A R T A

Porque mi corazón pide poder trabajar en proyectos con propósito y mi realidad pide que sea cuidadosa, porque equivocarme en un pedido de comida puede ser una calamidad: escribir 1, en vez de 2, u olvidarte de una “entradita” puede ser la definitiva para que entres en la lista de personas que no funcionan para este cargo.

Se te escapa entregar el agua en otra mesa, y ya estás en tela de juicio. No tanto por los dueños del local, sino por los propios comensales.

Entonces, todo lo tienes que hacer perfecto, con elegancia, sin molestar y sonriente, siempre sonriente.

Es verdad, he aprendido muchísimo en este oficio: ahora me organizo mejor , aprendí a escuchar sin refutar (digamos que hago “curaduría” para saber qué y a quién responder), a ser más rigurosa, discreta, preocupada, práctica y a entender y aprender de las personas.

Aprendí que cada persona es un mundo, que por eso la comunicación no debe hablar más de “target”, “nicho” o “clientes” ¡Son personas! Señores ¡Personas! Gente que siente y que, a pesar de que pueda pedir el mismo plato tooodos los días, su estado de ánimo es variable, infinito.

Ya son muchos años en este rol de “atender al público”

Me toca atenderme a mí.

R E N U N C I O

¿Por qué comparto esto?

Porque, muchas veces, nos frustramos en los trabajos y no buscamos ayuda. Yo lo hablo, lo expreso y quiero que la gente que pase por por esta situación (sea en el trabajo que sea), no se sienta sola.

Y si bien hablé mucho con mis amigas, tuve que pedir ayuda profesional.

Hice un espacio en la agenda de Maru Karlem, lloré, sentí miedo y, gracias a sus lecciones, comencé a actuar.

A ver, si yo misma me preguntaba, mi respuesta era: ¡renuncia YA, mi amor! ¡Es tiempo!

La gente no muerte por eso. Sí te descoloca, te da miedo, una tiende a enfermarse y sientes que la vida ahora se resume en: tengo que buscar la manera de generar plata. Ya lo hice, lo experimenté, lo viví.

Pero toda esa muerte, te transforma.

Un trabajo temporal es eso: un tiempo corto. El empujón que necesitas para poder estar más cerca de tus objetivos.

En mi caso, no hay un objetivo más que pagar las cuentas.

¿A qué estoy jugando entonces?

No tengo hijos, no debo mantener a nadie. Entonces, ¿por qué sigo en el mismo lugar de hace años?

M I E D O. Entonces, atravieso el miedo. Renuncio.

Sin medios, sin frenos, sin créditos. Conmigo misma y mi bolsita de herramientas.

Ya veré cómo hago para generar lo que necesito para vivir.

E S T I E M P O D E V I V I R

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