Señor/señora, residente,

Espero se hayen bien. Yo, en cambio, me siento un poco preocupada por ti, pues me dijeron que tenías miedo a las personas diferentes, a los idiomas que suenan extraños, a las pieles negras, rojas y amarillas, las narices gordas y cabellos crespos y abuntantes.

Dicen que “esa” música no te gusta, que la comida es rara, que la ciudad ahora tiene un tono inseguro, que los dreadlocks son hippies y que huelen mal.

Leí que le pegaste a unas personas porque tenían otro color de piel y que te reíste después de hacerlo; que le lanzaste huevos desde la ventana de tu cuarto y te causó gracia, porque casi le pegabas; y que viste a una familia en una esquina, vendiendo comida típica de su país con las manos y las uñas sucias y les miraste con reselo.

No te voy a preguntar por qué lo hiciste, ni voy a darte una cátedra sobre lo que deberías hacer, yo te abrazo y me amabro a mí misma.

Yo también fui residente y sentí ese miedo que exterioricé como asco, yo también dije que los extranjeros nos quitaban el empleo mientras me comía un plato de arroz chino, y también vi con ojos punzantes a personas desconocídas que no cerraban en mi estructura “social”.

Yo también fui despectiva verbalmente mientras disfrutaba de mi nascionalismo “eterno”. Dije cosas horribles, vanales, ingnorantes.

Y un día, desperté inmigrante.

Un día viajé y tuve que aprender otro idioma a la fuerza, para sobrevivir.

Un día, me tomé un vuelo pasé a ser “en trámite”.

Un día pasé de estar en tierra firme a tener un espectáculo en la cuerda floja sin experiencia delante de miles de personas.

Me caí varias veces, aún no aprendí, pero cada vez lo hago mejor, después de 5 años, estoy más de un lado que del otro y pisando cada vez más firme.

Lo bueno de ser residente es que siempre se pisa firme, lo malo, es que nunca sabe lo que siente el que está en la cuerda floja, que tiene la planta del pie marcada del aguante y sin quejarse, porque cualquier mueca, puede desequilibrarlo.

Yo le sugieron, residente, que -si puede-, intente pararse 5 minutos en la cuerda, sienta en los pies el miedo de sus abuelos, tíos, primos, sobrinos y amigos que, por una u otra razón eligieron caminar en la inestabilidad.

Pasee por el miedo, la burla y las miradas de desaprobación dignas de un espectáculo improvisado.

No tenga miedo porque , como le dije anteriormente, si se cae, yo lo abrazo.

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